sábado 3 de octubre de 2009

ONOFRE EN EL TORTONI


ONOFRE EN EL TORTONI

A veces pienso que vos y yo
somos lo mismo, uno de cada lado.
Julio Cortázar

Entró al café Tortoni, una miscelánea exuberante, escenografía de café de antes y un modernismo solapado y socarrón envuelto en los tostados de jamón y queso, traviatas y platos ligeros, todo rodeado con fotos de antaño, paredes plañideras de vejez y los bustos de Borges y Alfonsina. Entró con la bronca del desterrado, como si todo este escenario se lo hubiesen sustraído de prepo, arrancado de su vida, una violación a la memoria. O un acto de despojo. Ilícito, compadrón, degenerado...
Rumiaba esas ideas cuando advirtió a un hombre mayor, cabello largo y blanco, barba que bajaba desde el bigote, circundaba los labios y la boca, seguía por el mentón y terminaba en el comienzo del cuello, sentado a una mesa junto a la pared. Leía una revista inverosímil, desaparecida, milenaria, un pedazo de historia popular. Se acercó con un andar suave, estilizado.

−Buen día, amigo −dijo.
−Buen día... ¿Lo conozco? −preguntó el hombre sentado.
−No, no me conoce, no vivo por aquí. Discúlpeme, pero al verlo leer la revista que tiene en sus manos me volvieron un montón de recuerdos.
−Ahh, se refiere a El Alma que Canta...¹ Tengo una colección en casa y cada vez que salgo a tomar el café llevo un ejemplar conmigo. Hay que tratarlas con mucha delicadeza, ¿sabe?. Es papel de pulpa, está amarilla y se quiebra con facilidad. Pero es parte de la historia de Buenos Aires.
−La conocía... Lo envidio, ¿sabe? Soy un recién regresado...Hace añares que no vivía en el país. Y así fui perdiendo la realidad, el ayer y el presente. Para rioplatenses como nosotros, cada revista o diario, la música, los libros, o lugares de tertulia del pasado que han ido desapareciendo, o reciclándose, es fatal, ¿sabe? Lo siento, estoy molestándolo con mis chocheras y...
−Perdóneme usted, tome asiento, por favor. Encantado, Onofre Buchieri. Lo invito a un cafecito... −dijo extendiéndole la mano.
−Gracias, muy amable. Yo lo tomo cortado −dijo musitando su nombre.
−Bien, ¡Fermín! ¡un cortado para el señor! −El mozo lo miró perplejo.

La charla se prolongó largo rato. Onofre le contó parte de la historia de la revista que motivó la curiosidad y despertó la nostalgia del forastero. Le dio detalles interesantes y dijo que la revista había cerrado en 1961.
−El tango se deslizó “cuesta abajo en mi rodada”² en esos años. Yo soy sobrino de Vicente Buchieri ³, el fundador de El Alma que Canta.
El hombre escuchaba con profunda atención. Miró la hora y le dijo:
− Ahora discúlpeme, por favor, debo irme ya, pero lo que usted me cuenta me resulta muy interesante...
−Podemos encontrarnos mañana y seguiremos charlando. ¿Le parece bien? Alrededor de las diez de la mañana aquí mismo.
−Desde luego.Le prometo que vendré. Tendremos más tiempo para conversar. Y gracias por su gentileza.

Salió del Tortoni y comenzó a recorrer el centro de la ciudad buscando caras de antes. Muchos de los paseantes le parecían conocidos. Pero no...
Tenía una sensación de charla desaprovechada. Como si hubiera dilapidado una última, tal vez única oportunidad de conocer la historia de la revista. Aunque no entendía el por qué de la compulsión... el querer saber la historia de El Alma que Canta...
Fantaseaba, suponía, imaginaba, y en un momento dado titubeó. Ya no sabía en qué ciudad estaba, en qué día y año... Sentía un desconcierto circular. Las ideas se difuminaban en una autopista donde el ida y vuelta se liaban y lo confundían. Sus manos, la frente y el cuello transpiraban, se sentía agotado. Encontró un banco vacío en la plaza del Congreso. Sentado, cerró los ojos...

A la mañana siguiente volvió al Tortoni. Las diez clavadas. Se sentó a la misma mesa del día anterior, donde había conversado con Onofre. El mozo se acercó. Le pidió un cortado y agregó: que sea chico.
Las once y media. Dedujo que Onofre Buchieri ya no vendría. Llamó al mozo con un leve cabeceo... Fermín se acercó:
¿Otro cafecito, o un cortado, don Onofre....? ■

© Andrés Aldao

¹ Revista popular con letras de tango y poesías (ver nota en Mundoliterario).
² Verso del tango de Alfredo Lepera Cuesta Abajo (año 1933).
³ Sobre el fundador de El Alma que Canta ver la nota en Mundoliterario.

2 comentarios:

Sonia Cautiva dijo...

No es increíble el término que debo poner. Es creíble total y repetidamente creíble.
¿Cómo no iba a ser así, con la puesta, el transcurso y el remate? Tenía que ser así: perfecto. De la única manera amigo poeta, escritor, maestro, melancólico hombre.
Un abrazo
Sonia

Lisarda dijo...

Hermoso relato! Hermoso el clima del que regresa al país y busca reencontrarse con el ritual del café.Tiene una vuelta parecida-no casualmente- a Lejana de Cotázar.Un verdadero placer conocer esta página tuya: como hecho salido de la sincronicidad, te cuento que en octubre posteé el poema de F.Moreno dedicado al Tortoni.
Y tu otro sitio-el dedicado a escritores rioplatenses- es otra fuente de disfrute. Y a propósito de olvidados o relegados, propongo el nombre de un oriental: Sarandy Cabrera, una suerte de Gelman o Luchi uruguayo, muy bueno.
Un abrazo.